Días alejados

Los días transcurren
y nosotros
sin poder descubrir el quid
de todo girando alrededor.
Las flores se van marchitando
con la llegada del cruel invierno
y seguimos esperando
zarpar hacia el desconocido infinito.

Enredados en las inicuas espinas
compadeciéndose con nuestros recuerdos
rojizos como la sangre
ocultándose en el vacío.

Una límpida sensación
de euforia y soledad
como los truenos
y su efímera presencia.

Solitarios en el vasto desierto
imputando a aquella llovizna,
sofocados en la vasta soledad
trivial como aquella penumbra.

Taciturnos en el silencio
de los nuevos amaneceres,
pusilánimes con las sombras
empañando las esperanzas.

Los colores se desvanecen
en la gris habitación, nuestra,
acechada por el olvidado mar
vestido del engañoso río.

Ciegos sobre un bote
o sentimos lo mismo
y las brisas rozan nuestras manos
cubiertas de lágrimas y llanto.

Dejamos de percibir el sonido
y al infame tiempo
cuando rompimos los relojes
llamados alejamiento.

Cada uno pudo seguir su sendero
pero seguimos esbozando
nuestros futuros
en los ocasos hechos de depresión.

Intentamos seguir avanzando
mientras nuestros pies ciaban,
la hesitación escindía nuestros cuerpos
melancólicos, llenos de pánico al futuro.

Podríamos atravesar el espacio
y recoger estrellas
para alumbrar la negrura
del amargo desconsuelo.

Dejemos los alaridos del mar
obturados en la Tierra
y seamos sombras
desangrando en el averno.

Creímos en lo finible
ahora comenzamos a sentir
lo que es llamado infinito
y la palabra para siempre.